Esta noche, durante la cena, la mesa y los cristales han retumbado. Dicen mamá y papá que es porque los vecinos le han cogido el gusto al rock y se la pasan ensayando solos de batería. Dice mi hermana Beth que no, que es porque hay militares buscando a quién «enchironar». Yo no sé muy bien qué es eso, pero mamá y papá siempre dicen la verdad.
Hoy por la mañana, cuando salí a jugar, descubrí que Bobito estaba acostado en el patio, envuelto en una manta. Papá dijo que estaba descansando porque pronto emprendería un largo viaje. Beth me miró con lástima. Lo vamos a extrañar, pero seguramente es el viaje que necesita para ponerse mejor. Al parecer pasó la noche con vómitos y sobresaltos. Yo no le vi moverse.
Unos amigos de papá tocaron la puerta, muy fuerte, porque dicen que se está quedando sordo y no escucha cuando le hablan. Es extraño, porque conmigo sí oye bien. A veces incluso decía Bajen la voz, queridas. Pero no pregunté nada.
El domingo desayunamos en el jardín las tortitas de mamá. Papá había salido temprano y regresó con jabón en las manos. Decía que quería arreglar unas manchas en la pared de afuera. Yo solo vi brochazos, charcos de agua y a dos hombres que pasaban un trapo sobre el portón. Beth se me acercó y me susurró que allí había palabras que no se podían ni mencionar, pero no le hice caso. ¡Qué tonterías dice! Mamá y papá nunca mienten.
Más tarde, otros tipos quisieron sorprender a papá. Dice mamá que porque era su cumpleaños y querían celebrarlo. Nos mandó al cuarto a que jugáramos a las escondidas. Yo me metí debajo de la cama, pero Beth no quería jugar y se quedó mirando por la ventana.
Cuando la fiesta se acabó nos juntaron en la sala. Mamá sostenía mi mano tan fuerte que me dolía. Siempre le habían emocionado mucho los cumpleaños. A papá no se le veía tan alegre. Él, que hablaba mucho, ahora estaba callado.
En la pared, clavada con una vieja puntilla torcida como las que tenía papá en el escritorio, había una hoja de periódico. Reconocí su cara en la foto, vestía el mismo traje que siempre usa los domingos. Debajo había muchas letras apretadas. Alcancé a leer algunas rarezas: acusado, juicio, sospechas. No sé qué quieren decir, pero sonaban feas. Unas lágrimas cayeron por mi cara.
Beth me dio un codazo y me hizo señas de que me limpiara. Mamá me apretó más fuerte la mano.
No pregunté nada. Por primera vez me entró la duda de si mamá y papá siempre dicen la verdad.