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Tomar una inhalación profunda

Llenar el espacio vacío con aire fresco, completitud efímera de un segundo extendido en un milenio.

Un chapuzón hacia adentro, se recomienda a los visitantes despojarse de sus vestiduras para disfrutar más el viaje.

Un megáfono anuncia que por hoy se suspenden los vuelos hacia el pasado y el futuro, solo se puede jugar en la astralidad del presente.

No hay por donde caminar. Me dejo llevar por el tumulto de almas excitadas y resplandecientes, a algunas no se les puede mirar porque ciegan.

Entro al salón de los espejos, asistimos a una breve pero productiva reunión con todos mis heterónimos, mi ego, mi niñe interior y mi yo superior.

Una mujer de cabellos azules y ondulados levanta la sesión, hace un ademán con su varita mágica y desaparezco.

Ahora soy una imponente montaña en medio de un monte lunar, pero también soy el microscópico insecto que se alimenta de su pasto.

Soy promesa del infinito, veo con luz ultravioleta el latir de cada ser existente.

Desciende hacia mí un ángel que con el más leve toque en mi entrecejo me hace ver colores y formas que ya en sueños sospechaba posibles.

Me cuestiona por qué insisto en verbalizar lo que ya es poesía pura.

Soy humana, de la Tierra.

Nos sonreímos juntas porque ahora entiende todo.

Plano secuencia del origen de la vida.

Una estrella explota y pequeños trozos de cuarzos se incrustan en mi piel. Arden, pero alivian el frío.

Un dragón me saluda mientras inhalo polvo de estrellas.

Habito el fondo del mar y el interior de un volcán al mismo espacio.

Me asomo al Aleph más por compromiso de turista que por curiosidad.

Me deshago como arena en el desierto, vuelvo en forma de rocío atrapada en la fuerza interior de un tornado.

Llueve, no puedo decidir si soy relámpago o trueno.

Advierto en mi vientre una semilla dorada que crece.

Entonces retorno a mi forma humana para abrazarla, pero descubro que se ha transformado en sangre irrigada en cada arteria.

Ahora es luz inundando este cuerpo celeste y tiquete preferencial para las próximas veces en que la nave madre alunice en mis sueños.

 

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