No sabía que al partir me llevaba el agua salada en bolsitas de bolis
Migrar, la única trama honesta a más de 40 grados
A mi mamá nunca le gustó el mar
Taganga siempre llena de marihuaneros
El Rodadero de cachacos y gringos.
La segunda vez que me fui no hubo despedidas
Sólo ojos tristes, rencorosos
No sé comer pescado frito ni bailo vallenato sin un cuarto de ron encima
La mayoría de mis recuerdos suceden bajo la sombra de un palo de mango
La cúspide de mi nostalgia está en los clásicos de la provincia
Desde que conocí a Juvenal Urbino se me pareció a mi tío Armando
Y creo en la superioridad del guineo maduro por puro sesgo ideológico
Solía tener un amigo que nació en Macondo y sólo escuchaba rock
Creo que una vez vi un partido del Unión con mi papá
Mi abuela se alegró cuando nací porque no era negra
Creo en el mito de la samarian golden con sincera devoción
Presiento que las cayenas rojas y las hojas secas de los almendros son un lugar común en otros 20 pueblos costeros
Solo me he enamorado una vez en tierra caliente
Me parece más bonita la palabra bombillo que foco,
pero abanico viene con un calor que ventilador no abarca.
Hace poco descubrí que los cubanos también dicen más nunca en lugar de nunca más
Si hablo en público evito las eses seguidas de otra consonante
Sé más frases en inglés de las que alguna vez sabré en arhuaco o kogui
No es que sea callada, es que no tenía caso competir con la bulla del picó de los vecinos
Cuando se va la luz, mi mente llena el silencio con el estruendo de fichas de dominó sobre una mesa de madera
Conocí a Gómez Jattin y a Marvel Moreno en medio de un valle
No le he dicho a nadie que de niña no me gustaba la arepa de huevo
O que lloré desconsolada cuando se murió Kaleth.
Una mecedora de mimbre funciona como máquina del tiempo
Aún me sonrojo si recuerdo lo que hice en la calle quinta
Volver es un sueño intranquilo
Navegar dentro de una pintura colorida de algún dibujante europeo.
Cómo soportan el calor de un cigarrillo a las 12 del medio día
Cómo miran a los ojos al horizonte sin llorar
La ceja levantada de un vendedor ambulante cuando oye mi voz
Una brisa agresiva como latigazos en la piel quemada
La próxima vez que bese a alguien tendré los labios salados.
Santa,
no sabía que al partir me llevaba también unos cuantos anzuelos.