Aquella a la que cuatro tígueres le salieron corriendo en la plaza de la bandera. La del navajazo a Juancito bebe trago cuando este le agarró la nalga en la Carreta.

La que le volteó la bandeja de fritura a Quico por sucio y luego montó la de ella dando garantía de calidad, sabor y la nombró: Disco fritura Jociquito de oro.

Muchas mujeres me habitan.

Esas que se levantaron día por día a cuidar viejos en el hospital de la ciudad y luego vilipendiadas por radio bemba; “esa, esa salió a rapa, dique a trabaja”. Y luego, la trompada, el ojo morado, con la boca partida otra vez a trabajar.

Hablo de mujeres; que saltan charcos, vuelan paredes, encuadernan libros, beben
tragos, con el escote pronunciado, la falda hasta el galillo desarma la tiguere.
Atestadas en un callejón por un proxeneta barato, chapeadas de cariño por chulos de tercera.

Mujeres que vibran, que beben, fuman y quieren hasta por los codos, duermen y se
levantan. Otros disfrutan sus sueños.

Muchas mujeres me habitan.

Esas. Calumniadas del margen, orilleras.

Atropelladas en pintura.

Lanzadas de un noveno piso en una torre de aquellas.

Ultrajadas en el majapapa.

 

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